Noche de Ronda

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miércoles, 15 de octubre de 2014

Ahora me toca a mí!




Ahora me toca a mí!  


Decorado de sala elegante.

(Entra MANOLO. Un hombre maduro, de aire tosco, pero bien vestido. Lleva sombrero cordobés. Le sigue un criado.)

MANOLO:  ¿Se puede pasá?  ¿Qué hay, tropa?

(Al criado)

¿Qué espera usté?  ¿Mi sombrero?
Mejor está en mi cabesa
que corgao en er perchero.
Y además son hijos míos
los tres que tengo delante.

¿Qué hay tropilla?  ¡Güena casa!
Y un criao muy elegante
que en vez de vuestro papuchi
se cree que soy un permaso.

(Dando el sombrero al criado)

Vaya er sombrero.  Y procura
que no me den er cambiaso.

(El Criado hace una ligera reverencia en dirección al primer término y se va por la puerta cerrando el cortinaje.)

Su reverencia...  me chifla
que sos traten con respeto.
¡Tres señoritos!¡Qué orgullo
para un padre tan cateto!

¡Tené tres hijos varones
que están viviendo en sus glorias
porque yo m'alimentaba...
de papas y sanahorias!

Me alimentaba...  j'ase tiempo;
que hoy ya la cosa varía.
No ví a dejá ni la cresta
de un pollo de Andalusía.

Que nos vorvemos tragones
los viejos mal educaos,
y eso nos quita finura
pa tratá con abogaos

como er que de parte vuestra
vino a hablarme de intereses
y le di ...   que con er susto
tiene cama  pa dos meses.

El hombre vino a desirme
por encargo de mis hijos
que ustedes no estáis conformes
con que venda los cortijos.

Que debo seguí en er campo
lo que me resta de vía
cuidando de las cosechas
y de la ganadería;

que no se seque el arjibe,
que no s'avinagre er mosto;
bébete er frío de enero
y anda y súdalo en agosto.

No duermas...  cuenta las horas
de la noche una por una...
Tienes que viví pendiente
de los cambios de la luna.

Ayer te fartó una oveja,
¡vaya bendita de Dió!...
¿Voy a llamá a los civiles
si de chico fui pastó?

¡Pastó de ganao montuno
con las alpargatas rotas!
¡De Córdoba a Extremadura
por tres puñaos de bellotas!

Y en cambio, los tres cachorros
de aquel pastó miserable
van por tabaco a la esquina
con sus tres descapotables.

Que yo lo tendría a gala
si al derrochá mis dineros
se le añadiera er que ustedes
ganaran como ingenieros,

o bien como sirujanos,
o de doctores en leyes...
¡O echándose a las costillas
tós los vagones der muelle!

¡Trabajando!Ley der sielo
que con ustedes no reza
porque como hay todavía
muchos toros en la dehesa

y hay trigo pa veinte años
y desbordan los lagares
y a caballo hay por lo menos
hora y media de olivares,

que trabaje papaíto
que hay que vé lo bien que está;
y eso que l'ha dao ahora
por bebé, por trasnochá,

por í con cuatro amigotes
de francachela a Sevilla
y hasta parese que disen
que ronda a una chavalilla,

y antes de que se nos case
er día menos pensao
aquí lo mejó que hasemos
es mandarle un abogao

que le diga las verdades
aunque le sepan amargas;
ar pródigo no es difísi
por ley, echarle la garga.

¡¡Je,je!! ¡¡Intentarlo!! Ya hemos visto
que el abogao...  renunsió;
yo no admito en este pleito
más tribuná que er de Dió.

Él sabe que yo he sufrío
todas las humillaciones
pa que ustedes no tuvieran
que sé destripaterrones.

Pa mí, ni café ni amigos,
ni un sigarro, ni una copa...
Pero mis niños...  ¡tres duques
en lo tocante a la ropa!...

Y vengan manjares finos,
vengan colegios de pago,
vengan potros y escopetas,
y vivan los Reyes Magos.

Sursíos en mis carsones
y en er buche telarañas...
¡Pero hay que vé cómo viven
los hijos de mis entrañas!

Y, claro, los pobresitos
están tan acostumbraos
que en vez de darme las gracias
me mandan un abogao

pa que no gaste er dinero
que lo debo de guardá
y er día que yo me muera
se lo reparten y en pá.

Lo siento, pichones míos,
rosas de mayo y abrí...
Ya habéis disfrutao lo suyo
y ahora me toca a mí.

¡Vengan corrías de toros
y buen vino y mejor cante
pa regusto de un campero
que ya ha trabajao bastante!

Mira qué terno más fino,
mira qué cigarros puros...
En la puerta un artomóvi
y aquí unos miles de duros

pa gastarlos en claveles
si me encuentro una serrana
que suerte dos lagrimitas
de compasión por mis canas.

La compasión que me niegan
los tres hijos de mi amó;
si no estoy en mi derecho
sentensia me mande Dió.

¡Casa!  Mi sombrero.  ¡Pronto,
que me voy a divertí!
Con er permiso de ustedes...
¡Ahora me toca a mí!


Rafael De León

(1908-1982)



lunes, 29 de septiembre de 2014

Triniá



Triniá

I

Al Museo de Sevilla
iba a diario Juan Miguel
a copiar la maravillas
de Murillo y Rafael.
Y por las tardes, como una rosa
de los jardines que hay en la entrá,
pintaba a Trini, pura y hermosa,
como si fuera la Inmaculá.
Y decía el chavalillo:
«Pa que voy a entrar ahí,
si es la Virgen de Murillo
la que tengo frente a mí».

Triniá, mi Triniá,
la de la Puerta Real,
carita de nazarena,
con la Virgen Macarena
yo te tengo compará;
algo tu vida envenena,
qué tienes en la mirá
que no me pareces buena,
Triniá, mi Trini, ay... mi Triniá.

II
un mal día visitó
un banquero americano
que de Trini se prendó.
Y con el brillo de los diamantes
la sevillana quedó cegá
y entre los brazos de aquel amante
huyó de España la Triniá.
Y ante el cuadro no acabao
así decía el pintor:
«Tú me has hecho desgraciao,
sin ti qué voy a hacer yo».

Triniá, mi Triniá,
la de la Puerta Real,
carita de nazarena,
con la Virgen Macarena
yo te tengo compará;
algo tu vida envenena,
qué tienes en la mirá
que no me pareces buena,
Triniá, mi Trini, ¡ay!... mi Triniá


Rafael De León

(1908-1982)



martes, 22 de abril de 2014

Silencio cariño mío




Silencio cariño mío


Un torito de locura va corriendo por mis venas 
el torito de Miura de un querer que me envenena, 
yo no se si darle muerte, virgen morena del Baratillo 
o quedarme con mi suerte y que me claven siete cuchillos. 
Y sin juez ni tribunales a morir yo me sentencio, 
con mis duquitas mortales en una cruz de silencio. 

Silencio, cariño mío no te escapes de mi boca 
escóndete en mis sentidos aunque yo me vuelva loca. 
Silencio para el "te quiero" de mi boca cuando cante,
silencio para el me muero por los ojos de mi amante. 
Entierra tu ventolera en el paso del olvido 
y por lo que tú más quieras, por too´lo que tú más quieras
¡silencio cariño mío!

Yo sé bien que tú me tienes en los ojos noche y día 
yo te llevo entre las sienes pa´ los restos de mi vida 
voy bordando en seda fina, un pañuelito de mil colores, 
con tu nombre en cada esquina como si fueran ramos de flores. 
Y por no causar un daño a morir yo me sentencio, 
y a verte como a un extraño desde mi cruz de silencio.

Silencio, cariño mío no te escapes de mi boca 
escóndete en mis sentidos aunque yo me vuelva loca. 
Silencio para el "te quiero" de mi boca cuando cante,
silencio para el me muero por los ojos de mi amante. 
Entierra tu ventolera en el paso del olvido 
y por lo que tú más quieras, por too´lo que tú más quieras
¡silencio cariño mío!

Entierra tu ventolera en el monte del olvido
y por lo ue tú mas quieras, por too´lo que tú más quieras
¡silencio cariño mío!


Rafael De León

(1908-1982)



lunes, 17 de marzo de 2014

María de la O



María de la O 


Para mis manos tumbagas,
para mis caprichos monea
y para mi cuerpo lucirlo
mantones bordaos, vestidos de sea.
La luna que yo pía
la luna que me dan.
Que para eso mi payo "abiya más parné"
que tiene un sultán.
¡Envidio tu suerte!
- me dicen algunas al verme lucí -,
y no saben, "probes",
la envidia que ellas me causan a mí.
¡María de la O!
Que desgraciadita, gitana tu eres
teniéndolo todo.
Te quieres reí,
y hasta los ojitos los tienes moraos
de tanto sufrí.
Maldito "parné"
que por su culpita dejaste al gitano
que fue tu querer.
Castigo de Dios
Castigo de Dios
es la crucecita que llevas a cuesta
María de la O
Para su sé fui el agua
para su frío candela
y para sus besos amantes
dejé entre sus brazos, mis carnes morenas.
Querer como aquel nuestro
no hay en el mundo dos;
¡maldito dinero que así de su vera
a mí me apartó!
¡Serás más que reina!
- me dijo a mí el payo y yo lo creí;
mi vía y mi oro
daría yo ahora por ser lo que fui.


Rafael De León 

(1908-1982)




colores 


jueves, 6 de marzo de 2014

Madrina




Madrina


Rondabas por mi dehesa 
y un día me hablaste, llegando a mi altura: 
-Su buen corazón condesa, 
hará que en el toro, yo llegue a figura. 
Y ordené a mis mayorales, 
conmovida por tu voz: 
-Apartarle dos erale, 
que a éste lo apadrino yo. 
Subiste a los carteles, 
en un momento... 
los brillos de tus caireles, 
son mi tormento. 

Madrina, 
por fuera jardín de rosa, 
por dentro zarza de espina. 
Madrina 
mi pena es de Dolorosa 
mas nadie me la adivina. 
No sabes de mi amargura, 
pues tu locura sólo es el toro 
y a solas me bebo el llanto
de tanto y tanto como te adoro. 
Madrina... 
madrina, sin un lucero 
madrina, sin un "te quiero"... 
la gente no se imagina, 
que el hombre de mi corazón 
me llama sólo: "madrina". 

Por culpa de una sonrisa 
que echaste a unos ojos 
que había en barrera
un toro de mi divisa, 
sembró de amapolas tu estampa torera. 
-Si se salva Padre mio, 
en silencio seguiré 
en tus manos los confío, 
que eres el del Gran Poder! 
De nuevo por las arenas vistes de luces 
y yo mi caudal de pena lloro entre cruces. 

Madrina, 
por fuera jardín de rosa 
por dentro zarza de espina. 
Madrina 
mi pena es de Dolorosa 
mas nadie me la adivina. 
No sabes de mi amargura, 
pues tu locura sólo es el toro 
y a solas me bebo el llanto, 
de tanto y tanto como te adoro. 
Madrina... 
madrina, sin un lucero 
madrina, sin un te quiero... 
la gente no se imagina, 
que el hombre de mi corazón 
me llama solo: "madrina".


Rafael De León 


(1908-1982)







miércoles, 19 de febrero de 2014

Necesito de ti, de tu presencia




Necesito de ti, de tu presencia     


Necesito de ti, de tu presencia,
de tu alegre locura enamorada.
No soporto que agobie mi morada
la penumbra sin labios de tu ausencia.

Necesito de ti, de tu clemencia,
de la furia de luz de tu mirada;
esa roja y tremenda llamarada
que me impones, amor, de penitencia.

Necesito tus riendas de cordura
y aunque a veces tu orgullo me tortura
de mi puesto de amante no dimito.

Necesito la miel de tu ternura,
el metal de tu voz, tu calentura.
Necesito de ti, te necesito.


Rafael De León

(1908-1982)

viernes, 17 de enero de 2014

Pena y alegría del amor




Pena y alegría del amor    


A José González Marín

Mira cómo se me pone
la piel, cuando te recuerdo...

Por la garganta me sube
un río de sangre fresco
de la herida que atraviesa
de parte a parte mi cuerpo.
Tengo clavos en las manos
y cuchillos en los dedos
y en mi sien una corona
hecha de alfileres negros.

Mira cómo se me pone
la piel cada vez que me acuerdo
que soy un hombre casao
y sin embargo, te quiero.
Entre tu casa y mi casa
hay un muro de silencio,
de ortigas y de chumberas,
de cal, de arena, de viento,
de madreselvas oscuras
y de vidrios en acecho.
Un muro para que nunca
lo pueda saltar el pueblo,
que está rondando la llave
que guarda nuestro secreto.
¡Y yo sé bien que me quieres!
¡Y tú sabes que te quiero!
¡Y lo sabemos los dos
y nadie puede saberlo! 

¡Ay pena, penita, pena
de nuestro amor en silencio!
¡Ay, qué alegría, alegría
quererte como te quiero!

Cuando por la noche a solas
me quedo con tu recuerdo,
derribaría la pared
que separa nuestro sueño,
rompería con mis manos
de tu cancela los hierros,
con tal de verme a tu vera,
tormento de mis tormentos,
y te estaría besando
hasta quitarte el aliento,
y luego,  qué se me daba
quedarme en tus brazos muerto.
¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!

Nuestro amor es agonía,
lucha, angustia, llanto, miedo,
muerte, pena, sangre, vida,
luna, rosa, sol y viento.
Es morirse a cada paso
y seguir viviendo luego,
con una espada de punta
siempre prendida del pecho. 

Salgo de mi casa al campo
solo con tu pensamiento,
por acariciar a solas
la tela de aquel pañuelo
que se te cayó un domingo
cuando venías al pueblo
y que no te he dicho nunca,
mi vida, que yo lo tengo.
Y lo estrujo entre mis manos
lo mismo que un limón nuevo,
y miro tus iniciales
y las repito en silencio
para que ni el campo sepa
lo que yo te estoy queriendo.

Ayer, en la Plaza Nueva,
- vida, no vuelvas a hacerlo-
te vi besar a mi niño,
a mi niño, el más pequeño,
y cómo lo besarías,
¡ay, Virgen de los Remedios!
que fue la primera vez
que a mí me distes un beso.
Llegué corriendo a mi casa,
alcé a mi niño del suelo
y sin que nadie me viera,
como un ladrón en acecho,
en su cara de amapola
mordió mi boca tu beso.

¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero! 

Mira, pase lo que pase,
aunque se hunda el firmamento,
aunque tu nombre y el mío
lo pisoteen por el suelo,
aunque la tierra se abra
y aun cuando  lo sepa el pueblo
y ponga nuestra bandera
de amor, a los cuatro vientos,
sígueme queriendo así,
tormento de mis tormentos.

¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!

Poema en la voz de Los Nocheros
de
Rafael De León 


(1908-1982)






miércoles, 4 de diciembre de 2013

Con divisa verde y oro




Con divisa verde y oro   


I

Vino en un rayo de luna,
de luna del mes de enero;
era un chiquillo de Osuna
que quería ser torero.
-Ganadera salmantina,
yo la nombro por madrina,
que, el dinero y el cartel,
si algún día los consigo,
pongo al cielo por testigo
que me caso con usted.
Un ¡ole! en la tienta
por su valentía
y un duende en mis venas
que así me decía:

ESTRIBILLO

Ganadera con divisa verde y oro,
ten cuidado,
que el amor no te sorprenda como el toro
desmandado.
Por tu hacienda y tu apellío
se te guarda devoción,
y un clavel en tu vestío
llamaría la atención.
En tus ojos se adivina
la locura de un "te adoro".
Has de ser como la encina,
ganadera salmantina
con divisa verde y oro.

II

Ya es un torero de fama,
dinero y categoría;
ya es su pasión una llama
que me ronda noche y día.
Por tres veces me ha pedido
que lo tome por marido,
por tres veces dije ¡no!,
y la causa está en Osuna,
morenita de aceituna
que por mí se le olvidó.
Y son, en mis noches
de penas mortales,
cuchillos las coplas
de mis mayorales:

ESTRIBILLO

Ganadera con divisa verde y oro,
dueña mía,
cuánto diera por salvarte de ese toro
de agonía.
Con tu hacienda y tu apellío
ya te sobra en qué pensar
y hasta el luto del vestido
te lo debes de quitar.
Porque así no se adivina
que enterrastes un "te adoro"
bajo el tronco de una encina,
ganadera salmantina
con divisa verde y oro.


Rafael De León


(1908-1982)  



domingo, 17 de noviembre de 2013

Te quiero, te quiero



Te quiero, te quiero


De por qué te estoy queriendo, 
no me pidas la razón,
pues yo mismo no me entiendo
con mi propio corazón.
Al llegar la madrugada
mi canción desesperada
te dará la explicación...

Te quiero vida mía, 
te quiero noche y día.
No he querido nunca así.
Te quiero con ternura
con miedo, con locura, 
sólo vivo para ti

Yo te seré siempre fiel,
pues para mí quiero en flor
ese clavel de tu piel
y de tu amor

Mi voz igual que un niño
te pide con cariño
"Ven mi, abrázame"
porque te quiero,te quiero,
te quiero,te quiero,
te quiero,te quiero
y hasta el fin te querré.

Te quiero con ternura
con miedo, con locura,
sólo vivo para ti.

Yo te seré siempre fiel, 
pues para mí quiero en flor
ese clavel de tu piel
y de tu amor

Mi voz igual que un niño
te pide con cariño:
"Ven a mi, abrázame"
porque te quiero te quiero,
te quiero, te quiero,
te quiero, te quiero
y hasta el fin te querré.


Rafael De León  

(1908-1982)

Este maravilloso poema os lo traigo en la inolvidable voz de Nino Bravo



martes, 29 de octubre de 2013

Romance de valentía




Romance de valentía


I

Era muy poco en la vía,
tan poco, que nada era.
Por no tener no tenía
ni mare que lo quisiera.
Era un triste afisionao
que buscaba la ocasión
de dejar en un cercao
frente a un toro el corazón.
Romance de valentía,
escrito con luna blanca
y gracia de Andalucía
en campo de Salamanca.

ESTRIBILLO

Embiste, toro bonito,
embiste por cariá.
Morir se me importa un pito
pues nadie me iba a llorá.
Aquí no hay plaza ni nombre
ni traje tabaco y oro,
aquí hay un niño muy hombre
que está delante de un toro.
En matarme no repares,
te concedo hasta el perdón,
y como no tengo mare,
la Macarena me ampare
si me cuelgas de un pitón.

II

Todas las noches saltaba
sin miedo la talanquera
y a cara y cruz se jugaba
al toro la vía entera.
Quizá fuera colorao
el buré que lo embistió
y mordiendo su costao
malherido le dejó.
Romance de valentía
teñido con luna blanca
y sangre de Andalucía
en campo de Salamanca.

ESTRIBILLO

¡Adios, plaza de Sevilla,
ya nunca me habrás de ve
pisar tu arena amarilla
con tanto que lo soñé!
¡Adios, capote de sea,
que fuiste mi compañero,
morir en esta pelea
es cosa de buen torero!
Ya vestío de alamares
no ha de verme la afición,
y como no tengo mare,
la Macarena me ampare
y me dé su bendición.

(Recitado)

Allí quedó ante la fiera,
ninguno lo vio caé,
nadie rezó tan siquiera
un padrenuestro por é.

(Cantado)

Por él ninguna serrana
lloró de luto vestía.
Por él ninguna campana
dobló amaneciendo el día.
Pero, en cambio, entre asusenas
y entre velas enrisás,
en San Gil la Macarena
sí que lloraba de pena
por la muerte del chavá.


Rafael De León

(1908-1982)




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