Noche de Ronda

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domingo, 12 de octubre de 2014

Proud Mary




Proud Mary


Y' know, every now and then 
I think you might like to hear something from us 
Nice and easy 
But there's just one thing 
You see we never ever do nothing 
Nice and easy 
We always do it nice and rough 
So we're gonna take the beginning of this song 
And do it easy 
Then we're gonna do the finish rough 
This is the way we do "Proud Mary" 

And we're rolling, rolling, rolling on the river 
Listen to the story 
I left a good job in the city 
Working for the man every night and day 
And I never lost one minute of sleeping 
Worrying 'bout the way things might have been 
Big wheel keep on turning 
Proud Mary keep on burning 
And we're rolling, rolling 
Rolling on the river 

Cleaned a lot of plates in Memphis 
Pumped a lot of 'tane down in New Orleans 
But I never saw the good side of the city 
Till I hitched a ride on a riverboat queen 
Big wheel keep on turning 
Proud Mary keep on burning 
And we're rolling, rolling 
Rolling on the river 

If you come down to the river 
I bet you gonna find some people who live 
You don't have to worry if you got no money 
People on the river are happy to give


Tina Turner



miércoles, 18 de diciembre de 2013

El año que Mamá Noel repartió los regalos de Navidad




El año que Mamá Noel repartió los regalos de Navidad   

    
Podría decir de este cuento que así fue, porque así me lo contaron, pero... a los hechos me remito. Como sabéis en Laponia, donde vive Papá Noel, hace un frío terrible, te castañetean los dientes, algunos días se te pegan las pestañas; de los techos de las casas cuelgan unas incisivas y larguísimas estalactitas. En fin... Cabe imaginar que en lugar tan maravilloso como inhóspito, las ardillas usan guantes; los lobos, lustrosas botas de cuero; y los renos, unos graciosos gorros rojos con orlas blancas, que acaban en su punta con un gracioso pompón. ¡Pero qué os voy a contar que no sepáis! O... ¿no sois vosotros de los primeros en salir hacia los mercadillos navideños de las plazas de vuestros pueblos y ciudades, y allí miráis encantados las figuras del Belén, las zambombas, las bolsas de confeti, la nieve artificial... hasta que... lo inevitable, volvéis al hogar con uno de esos maravillosos gorros rojos y blancos sobre vuestras cabezas?

    Pues... lo que iba a contaros: a punto estaba de llegar a Laponia como a todo el mundo el día de Navidad y Papá Noel amaneció con tos y fiebre.
   
    — Es gripe — decía con los ojos llorosos. Y muy preocupado añadía...— ¡Qué va a ser de mis niñitas y niñitos! ¿Quién repartirá las ilusiones y esperanzas, tantos regalos como ellos esperan?
   
    — Yo — gritó una vocecita pequeña y delgada como un airecillo primaveral que llegaba de la cocina. Papá Noel, pensó en un ratoncito. Lo había visto hacía tiempo protegiéndose del frío del invierno junto a la cocina de leña.
    
    — Yo — repitió la vocecita... que acercándose a Papá Noel, le trajo un gran vaso de leche con miel y un pastelillo — Yo lo haré.

    Papá Noel escuchó sin decir nada. Y Mamá Noel, repitió:
   
 — Yo lo haré...
   
    Bueno, la verdad es que a Papá Noel ese cambio no le agradó mucho; él, se llevaba los honores; él recibía las cartas de millones de niñas y niños; de él se hablaba en todos los telediarios y periódicos del mundo...
  
  — Está bien — refunfuñó —, está bien. Los tiempos han cambiado. Lo reconozco. He de reconocerlo. Me parece... justo.
   
 Entonces Mamá Noel, consolándole, dijo:
   
   — No te preocupes, Papá. No lo notarán. Llevaré tu traje, me pondré un almohadón para imitar tu barriga y... ¡Hasta una barba postiza!
   
 Fuera, el trineo estaba preparado. Sonaban los cascabelillos de los arneses y los renos se movían ansiosos y expectantes. Nevaba y de los pinos caían espontáneos puñados de nieve.
   
   — No, no es justo — reflexionó Papá Noel —. No puedo permitirlo. Tú eres tú.

   Entonces Mamá Noel, dijo:

   — Bien, bien... Veo que los dos estábamos preparados para este cambio...
   
   — ¡Atchiss! — contestó Papá Noel.
   
 Mamá Noel comenzó a vestir su propio traje. No se ajustó barba, ni tripa, ni cargó un saco gigante lleno de juguetes sobre su espalda como para demostrar cuán fuerte era para su edad. Se miró al espejo... No estaba mal. Era mayor, pero su rostro reflejaba serenidad. Entonces, mirando a Papá Noel, se despidió:
  
  — Es hora de marchar.
  
  — Sí — dijo él.
  
  — Volveré pronto — susurró ella — dándole un cariñoso beso en la mejilla.
  
  — Te estaré esperando.
   
    Así fue como Mamá Noel, repartió los regalos de Navidad, pero... ¡Siempre hay un pero! Sólo algunas personas, las que esperaban el maravilloso acontecimiento de ver aparecer algún día a Mamá Noel, la vieron, y fueron muy dichosos. Llamaron a las agencias de noticias y, al día siguiente, la noticia que podía oírse y leerse en los noticiarios y en los periódicos, era: «Mamá Noel repartió los juguetes de este año». «Mamá Noel hizo las delicias de los niños». «El nuevo siglo nos ha traído a Mamá Noel».

    Pero Mamá Noel no pensaba sólo en esto, aunque la hacía muy feliz, sino en cómo estaría Papá Noel recuperándose de su gripe.

    Cuando llegó a su casa de Laponia, y no os cuento ¡cuán cansados estaban los renos y Mamá Noel!, se encontró a Papá Noel cantando y amasando pastelillos en la cocina.

   — Hola cielo — dijo ella.
   
   — Hola, mi amor — contestó él.
   
 Era la primera vez que Papá Noel cocinaba. Además, había lavado la ropa y ordenado la casa.
  
  Juntos leyeron las noticias de los periódicos, y de todas ellas, la que más les gustó, fue una que decía: «El año que viene, las niñas y niños del mundo, podrán escribir — indistintamente — a Mamá y a Papá Noel».
   
 ¡Lo habían conseguido entre todos! Los cambios en las personas y en las vidas, son así... Primero un deseo, un sueño, una posibilidad; luego, una realidad, y cuando esto sucede... ¡Qué maravilloso el aire de fraternidad que respiran las personas, y qué maravillosa la luz que parece irradiar el mundo!


Pilar Alberdi










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