Noche de Ronda

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lunes, 26 de noviembre de 2012

Alargaba la mano y te tocaba



Alargaba la mano y te tocaba

Alargaba la mano y te tocaba.
Te tocaba: rozaba tu frontera,
el suave sitio donde tú terminas,
sólo míos el aire y mi ternura.
Tú moras en lugares indecibles,
indescifrable mar, lejana luz
que no puede apresarse.
Te me escapabas, de cristal y aroma,
por el aire, que entraba y que salía,
dueño de ti por dentro. Y yo quedaba fuera,
en el dintel de siempre, prisionero
de la celda exterior.

La libertad
hubiera sido herir tu pensamiento,
trasponer el umbral de tu mirada,
ser tú, ser tú de otra manera. Abrirte,
como una flor, la infancia , y aspirar
su esencia y devorarla. Hacer
comunes humo y piedra. Revocar
el mandato de ser. Entrar. Entrarnos
uno en el otro. Trasponer los últimos
límites. Reunirnos.....

Alargaba la mano y te tocaba.
Tú mirabas la luz y la gavilla.
Eras luz y gavilla, plenitud
en ti misma, rotunda como el mundo.
Caricias no valían, ni cuchillos,
ni cálidas mareas. Tú, allí, a solas,
sonriente, apartada, eterna tú.
Y yo, eterno, apartado, sonriente,
remitiéndote pactos inservibles,
alianzas de cera.

Todo estuvo de nuestra parte, pero
cuál  era nuestra parte, el punto
de coincidencia, el tacto
que pudo ser llamado sólo nuestro.

Una voz, en la calle, llama y otra
le responde. Dos manos se entrelazan.
Uno en otro, los labios se acomodan;
los cuerpos se acomodan. Abril, clásico,
se abate, emperador de los encuentros.
¿Esto era amor? La soledad no sabe
qué responder: persiste, tiembla, anhela
destruirse. Impaciente
se derrama en las manos ofrecidas.
Una voz en la calle....Cuánto olor,
cuánto escenario para nada. Miro
tus ojos. Yo miro los ojos tuyos;
tú, los míos: ¿esto se llama amor?

Permanecemos. Sí, permanecemos
no indiferentes, pero diferentes. Somos
tú y yo: los dos, desde la orilla
de la corriente, solos, desvalidos,
la piel alzada como un muro, solos
tú y yo, sin fuerza ya, sin esperanza.
Idénticos en todo,
sólo en amor distintos.
La tristeza, sedosa, nos envuelve
como una niebla: ése es el lazo único;
ésa  la patria en que nos encontramos.
Por fin te identifico con mis huesos
en el candor de la desesperanza.
Aquí estamos nosotros: desvaídos
los dos, borrados, más difíciles,
a punto de no ser....¿Amor es esto?
¿Acaso amor es esta no existencia
de tanto ser? ¿Es este desvivirse
por vivir? Ya desangrado
de mí, ya inmóvil en ti, ya
alterado, el recuerdo se reanuda.
Se reanuda la inútil existencia....
Y alargaba la mano y te tocaba.

Antonio Gala (1.936) 

lunes, 22 de octubre de 2012

Atardeció sin ti


Atardeció sin ti

Atardeció sin ti. De los cipreses...
a las torres, sin ti me estremecía.
Qué desgana esperar un nuevo día
sin que me abraces y sin que me beses.

A fuerza de tropiezos y reveses
la piel de la esperanza se me enfría.
Qué agonía ocultarte mi agonía,
y qué resurrección si me entendieses.

Atardeció sin ti. Seguro y lento,
el sol se derrumbó, limón maduro,
y a solas recibí su último aliento.

Quién me viera caer, lento y seguro,
sin más calor ni más resurgimiento,
gris el alma y frustrada entre lo oscuro.

Antonio Gala Velasco (1936)



sábado, 29 de septiembre de 2012

Después del amor


  Después del amor

No pudimos ser. La tierra 
no pudo tanto. No somos 
cuanto se propuso el sol 
en un anhelo remoto. 
Un pie se acerca a lo claro. 
En lo oscuro insiste el otro. 
Porque el amor no es perpetuo 
en nadie, ni en mí tampoco. 
El odio aguarda su instante 
dentro del carbón más hondo. 
Rojo es el odio y nutrido. 

El amor, pálido y solo. 

Cansado de odiar, te amo. 
Cansado de amar, te odio.

Llueve tiempo, llueve tiempo. 
Y un día triste entre todos, 
triste por toda la tierra, 
triste desde mí hasta el lobo, 
dormimos y despertamos 
con un tigre entre los ojos.

Piedras, hombres como piedras, 
duros y plenos de encono, 
chocan en el aire, donde 
chocan las piedras de pronto.

Soledades que hoy rechazan 
y ayer juntaban sus rostros. 
Soledades que en el beso 
guardan el rugido sordo. 
Soledades para siempre. 
Soledades sin apoyo.

Cuerpos como un mar voraz, 
entrechocado, furioso.

Solitariamente atados 
por el amor, por el odio.
Por las venas surgen hombres, 
cruzan las ciudades, torvos.

En el corazón arraiga 
solitariamente todo. 
Huellas sin compaña quedan 
como en el agua, en el fondo.

Sólo una voz, a lo lejos, 
siempre a lo lejos la oigo, 
acompaña y hace ir 
igual que el cuello a los hombros.

Sólo una voz me arrebata 
este armazón espinoso 
de vello retrocedido 
y erizado que me pongo.

Los secos vientos no pueden 
secar los mares jugosos. 
Y el corazón permanece 
fresco en su cárcel de agosto 
porque esa voz es el arma 
más tierna de los arroyos:

«Miguel: me acuerdo de ti 
después del sol y del polvo, 
antes de la misma luna, 
tumba de un sueño amoroso».

Amor: aleja mi ser 
de sus primeros escombros, 
y edificándome, dicta 
una verdad como un soplo. 

Después del amor, la tierra. 
Después de la tierra, todo.

Miguel Hernández (1910-1942)

¡¡FELICIDADES A TODOS LOS MIGUEL!! 

martes, 17 de abril de 2012

Poesía de amor


Poesía de amor

Te quiero escribir...
una poesía de Amor...
que hable de ti...
que hable de mí...

Serán versos en el aire 
que puedas respirar, 
que te empapen el aire,
que te empapen de amor.

Serán letras con verdad
unidas en mi corazón.

Para decirte 
que te amo,
que te quiero,
que te sueño,
que te necesito...

que te amo,
que te quiero.
que te sueño,
que te necesito.

Cómo puedo explicar
lo que el alma intenta decir...
trato de entender...que
amar puede ser así.

Evitaré mientras pueda
martirizar mi existir,dejaré
al azar la suerte...
de sentirte aquí.

Recitaré mi poesía de amor...
sólo con mis besos...en ellos 
te diré:
que te amo.
que te quiero,
que te sueño,
que te necesito...
que te amo,
que te quiero,
que te sueño,
que te necesito...
te necesito...amor...

Café Quijano





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