Noche de Ronda

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lunes, 12 de enero de 2015

Atardeció sin ti



Atardeció sin ti  


Atardeció sin ti. De los cipreses...
a las torres, sin ti me estremecía.
Qué desgana esperar un nuevo día
sin que me abraces y sin que me beses.

A fuerza de tropiezos y reveses
la piel de la esperanza se me enfría.
Qué agonía ocultarte mi agonía,
y qué resurrección si me entendieses.

Atardeció sin ti. Seguro y lento,
el sol se derrumbó, limón maduro,
y a solas recibí su último aliento.

Quién me viera caer, lento y seguro,
sin más calor ni más resurgimiento,
gris el alma y frustrada entre lo oscuro.


Antonio Gala








colores 

miércoles, 2 de julio de 2014

Y la luna eras tú



Y la luna eras tú


San Juan de Puerto Rico


Y la luna eras tú.
Una luna creciente, blanca, fría.
Mirabas hacia el mar y hacia las cosas
que no eran yo.
Y con cuánto silencio te gritaba
-creciente, blanco, frío yo también-:
«Mírame, mírame,
ay, mírame mirarte...»


Antonio Gala Velasco

(1936-)








colores 

martes, 20 de mayo de 2014

A pie van mis suspiros




A pie van mis suspiros


A pie van mis suspiros 
camino de mi bien. 

Antes de que ellos lleguen 
yo llegaré. 

Mi corazón con alas 
  mis suspiros a pie. 

Abierta ten la puerta 
y abierta el alma ten. 

Antes de que ellos lleguen 
yo llegaré. 

Mi corazón con alas 
mis suspiros a pie.


Antonio Gala 

 (1.936 - )



miércoles, 9 de abril de 2014

Alargaba la mano y te tocaba




Alargaba la mano y te tocaba


Alargaba la mano y te tocaba. 
Te tocaba: rozaba tu frontera, 
el suave sitio donde tú terminas, 
sólo míos el aire y mi ternura. 
Tú moras en lugares indecibles, 
indescifrable mar, lejana luz 
que no puede apresarse. 
Te me escapabas, de cristal y aroma, 
por el aire, que entraba y que salía, 
dueño de ti por dentro. Y yo quedaba fuera, 
en el dintel de siempre, prisionero 
de la celda exterior. 

La libertad 
hubiera sido herir tu pensamiento, 
trasponer el umbral de tu mirada, 
ser tú, ser tú de otra manera. Abrirte, 
como una flor la infancia, y aspirar 
su esencia y devorarla. Hacer 
comunes humo y piedra. Revocar 
el mandato de ser. Entrar. Entrarnos 
uno en el otro. Trasponer los últimos 
límites. Reunirnos..... 

Alargaba la mano y te tocaba. 
Tú mirabas la luz y la gavilla. 
Eras luz y gavilla, plenitud 
en ti misma, rotunda como el mundo. 
Caricias no valían, ni cuchillos, 
ni cálidas mareas. Tú, allí, a solas, 
sonriente, apartada, eterna tú. 
Y yo, eterno, apartado, sonriente, 
remitiéndote pactos inservibles, 
alianzas de cera. 

Todo estuvo de nuestra parte, pero 
cuál  era nuestra parte, el punto 
de coincidencia, el tacto 
que pudo ser llamado sólo nuestro. 

Una voz, en la calle, llama y otra 
le responde. Dos manos se entrelazan. 
Uno en otro, los labios se acomodan; 
los cuerpos se acomodan. Abril, clásico, 
se abate, emperador de los encuentros. 
¿Esto era amor? La soledad no sabe 
qué responder: persiste, tiembla, anhela 
destruirse. Impaciente 
se derrama en las manos ofrecidas. 
Una voz en la calle....Cuánto olor, 
cuánto escenario para nada. Miro 
tus ojos. Yo miro los ojos tuyos; 
tú, los míos: ¿esto se llama amor? 

Permanecemos. Sí, permanecemos 
no indiferentes, pero diferentes. Somos 
tú y yo: los dos, desde la orilla 
de la corriente, solos, desvalidos, 
la piel alzada como un muro, solos 
tú y yo, sin fuerza ya, sin esperanza. 
Idénticos en todo, 
sólo en amor distintos. 
La tristeza, sedosa, nos envuelve 
como una niebla: ése es el lazo único; 
ésa  la patria en que nos encontramos. 
Por fin te identifico con mis huesos 
en el candor de la desesperanza. 
Aquí estamos nosotros: desvaídos 
los dos, borrados, más difíciles, 
a punto de no ser....¿Amor es esto? 
¿Acaso amor es esta no existencia 
de tanto ser? ¿Es este desvivirse 
por vivir? Ya desangrado 
de mí, ya inmóvil en ti, ya 
alterado, el recuerdo se reanuda. 
Se reanuda la inútil existencia.... 
Y alargaba la mano y te tocaba.


Antonio Gala Velasco 


(1.936)

lunes, 5 de agosto de 2013

La hora del adiós




La hora del adiós 

Esta es la hora más difícil
Esta es la hora del silencio
Esta es la hora del adiós

Tenía que llegar y lo sabías:
pero ha llegado demasiado pronto
Estoy yo triste y tú estás triste
y todo alegre alrededor.

Con las grandes palabras nos mentimos
Con miradas y gestos nos mentimos
Ya no sirven razones ni pretextos
se nos quedó pequeño el corazón

No me iré nunca y tú lo sabes
Ha terminado todo y tú lo sabes
Mi alma se queda aquí a tu lado
Mientras te estoy diciendo adiós.

No quiero hablar y convencerte,
No quiero hablar y despedirme,
Sé que eres tú lo que más amo,
mientras te estoy diciendo adiós.


Antonio Gala (1936-)

miércoles, 31 de julio de 2013

Olivares de Mancha Real




Olivares de Mancha Real


Sencillo e intrincado,
con su tesoro a cuestas
el olivar cavila.
En él no son precisos
ni rosas ni claveles:
sólo estar, siglo a siglo,
serenamente en pie.

Cuanto miramos desde arriba es nuestro,
porque nos mira y somos suyos.
Cae el cielo y tú me amas,
y el olivar nos ama a ti y a mí.

La tormenta muy pronto
restallará sus látigos. ¿Qué importa?:
ya no sueño dormido ni despierto,
ya te tengo entre olivos.
Mi patria sois; me extinguiré en vosotros
para que empiece todo una vez más.

Antonio Gala 

(1936-)



domingo, 2 de junio de 2013

Si ya no vienes...



Si ya no vienes...

Si ya no vienes, ¿ para qué te aguardo?
Y si te aguardo, di por qué no vienes,
verde y lozana zarza que mantienes
sin consumirte el fuego donde ardo.

Cuánto tardas, amor y cuánto tardo
en rescindir los extinguidos bienes.
Ya quién me salve no lo sé, ni quienes
clavan el alma dardo sobre dardo.

A la mañana, que se vuelve oscura,
sigue la noche, que se vuelve clara
a solas con tu sed, que hiere y cura.

No quisiera pensar si no pensara
que, privado que fui de tu hermosura,
me olvidara de mí si te olvidara.


Antonio Gala  (1936-)

domingo, 12 de mayo de 2013

Sevillanas



Sevillanas

Aceituna en invierno,
trigo en verano.
No te tardes bien mío,
que yo te llamo.

Que yo te llamo, niña,
que yo te imploro.
Y rebosan las ramblas
con lo que lloro.

Cuando suspiro,
hasta el aire me amarga
si no te miro.

Ay, que tormento,
que me duela hasta el aire
si no te siento.

Azahares en marzo,
limón lunero,
quién pudiera decirte
cuanto te quiero.

Tanto te quiero, niña,
tanto te amo,
que en cuanto el mar sea mío
te lo regalo.

Cuando suspiro,
hasta el aire me amarga
si no te miro.

Ay, qué tormento,
que me duela hasta el aire
si no te siento.

Olivo en la campiña,
pino en la sierra.
Negritos son los ojos
que a mí me queman.

Que a mí me queman, niña,
que a mí me matan,
y la flor de mi almendro
la desbaratan.

Cuando suspiro,
hasta el aire me amarga
si no te miro.

Ay, qué tormento,
que me duela hasta el aire
si no te siento.

Arroz en la marisma,
pita en la arena.
Mi corazón amante
muerto de pena.

Muerto de pena, niña,
muerto de duelo,
deshojando la rosa
del desconsuelo.

Cuando suspiro,
hasta el aire me amarga
si no te miro.

Ay, qué tormento,
que me duele hasta el aire
si no te siento.

Antonio Gala  

(1936-)



lunes, 26 de noviembre de 2012

Alargaba la mano y te tocaba



Alargaba la mano y te tocaba

Alargaba la mano y te tocaba.
Te tocaba: rozaba tu frontera,
el suave sitio donde tú terminas,
sólo míos el aire y mi ternura.
Tú moras en lugares indecibles,
indescifrable mar, lejana luz
que no puede apresarse.
Te me escapabas, de cristal y aroma,
por el aire, que entraba y que salía,
dueño de ti por dentro. Y yo quedaba fuera,
en el dintel de siempre, prisionero
de la celda exterior.

La libertad
hubiera sido herir tu pensamiento,
trasponer el umbral de tu mirada,
ser tú, ser tú de otra manera. Abrirte,
como una flor, la infancia , y aspirar
su esencia y devorarla. Hacer
comunes humo y piedra. Revocar
el mandato de ser. Entrar. Entrarnos
uno en el otro. Trasponer los últimos
límites. Reunirnos.....

Alargaba la mano y te tocaba.
Tú mirabas la luz y la gavilla.
Eras luz y gavilla, plenitud
en ti misma, rotunda como el mundo.
Caricias no valían, ni cuchillos,
ni cálidas mareas. Tú, allí, a solas,
sonriente, apartada, eterna tú.
Y yo, eterno, apartado, sonriente,
remitiéndote pactos inservibles,
alianzas de cera.

Todo estuvo de nuestra parte, pero
cuál  era nuestra parte, el punto
de coincidencia, el tacto
que pudo ser llamado sólo nuestro.

Una voz, en la calle, llama y otra
le responde. Dos manos se entrelazan.
Uno en otro, los labios se acomodan;
los cuerpos se acomodan. Abril, clásico,
se abate, emperador de los encuentros.
¿Esto era amor? La soledad no sabe
qué responder: persiste, tiembla, anhela
destruirse. Impaciente
se derrama en las manos ofrecidas.
Una voz en la calle....Cuánto olor,
cuánto escenario para nada. Miro
tus ojos. Yo miro los ojos tuyos;
tú, los míos: ¿esto se llama amor?

Permanecemos. Sí, permanecemos
no indiferentes, pero diferentes. Somos
tú y yo: los dos, desde la orilla
de la corriente, solos, desvalidos,
la piel alzada como un muro, solos
tú y yo, sin fuerza ya, sin esperanza.
Idénticos en todo,
sólo en amor distintos.
La tristeza, sedosa, nos envuelve
como una niebla: ése es el lazo único;
ésa  la patria en que nos encontramos.
Por fin te identifico con mis huesos
en el candor de la desesperanza.
Aquí estamos nosotros: desvaídos
los dos, borrados, más difíciles,
a punto de no ser....¿Amor es esto?
¿Acaso amor es esta no existencia
de tanto ser? ¿Es este desvivirse
por vivir? Ya desangrado
de mí, ya inmóvil en ti, ya
alterado, el recuerdo se reanuda.
Se reanuda la inútil existencia....
Y alargaba la mano y te tocaba.

Antonio Gala (1.936) 

lunes, 22 de octubre de 2012

Atardeció sin ti


Atardeció sin ti

Atardeció sin ti. De los cipreses...
a las torres, sin ti me estremecía.
Qué desgana esperar un nuevo día
sin que me abraces y sin que me beses.

A fuerza de tropiezos y reveses
la piel de la esperanza se me enfría.
Qué agonía ocultarte mi agonía,
y qué resurrección si me entendieses.

Atardeció sin ti. Seguro y lento,
el sol se derrumbó, limón maduro,
y a solas recibí su último aliento.

Quién me viera caer, lento y seguro,
sin más calor ni más resurgimiento,
gris el alma y frustrada entre lo oscuro.

Antonio Gala Velasco (1936)



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