Noche de Ronda

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viernes, 24 de octubre de 2014

Jardín



Jardín


Lejos de tu jardín quema la tarde
Inciensos de oro en purpurinas llamas,
Tras el bosque de cobre y de ceniza.
En tu jardín hay dalias.
¡Malaya tu jardín! Hoy me parece
La obra de un peluquero,
Con esa pobre palmerilla enana,
Y ese cuadro de mirtos recortados...
Y el naranjito en su tonel... El agua
De la fuente de piedra
No cesa de reír sobre la concha blanca.


Antonio Machado 

(1.875 - 1.939)




colores  

jueves, 24 de julio de 2014

El tren




El tren


Yo, para todo viaje 
-siempre sobre la madera 
de mi vagón de tercera-, 
voy ligero de equipaje. 
Si es de noche, porque no 
acostumbro a dormir yo, 
y de día, por mirar 
los arbolitos pasar, 
yo nunca duermo en el tren, 
y, sin embargo, voy bien. 
¡Este placer de alejarse! 
Londres, Madrid, Ponferrada, 
tan lindos... para marcharse. 
Lo molesto es la llegada. 
Luego, el tren, al caminar, 
siempre nos hace soñar; 
y casi, casi olvidamos 
el jamelgo que montamos. 
¡Oh, el pollino 
que sabe bien el camino! 
¿Dónde estamos? 
¿Dónde todos nos bajamos? 
¡Frente a mí va una monjita 
tan bonita! 
Tiene esa expresión serena 
que a la pena 
da una esperanza infinita. 
Y yo pienso: Tú eres buena; 
porque diste tus amores 
a Jesús; porque no quieres 
ser madre de pecadores. 
Mas tú eres 
maternal, 
bendita entre las mujeres, 
madrecita virginal. 
Algo en tu rostro es divino 
bajo tus cofias de lino. 
Tus mejillas 
-esas rosas amarillas-
fueron rosadas, y, luego, 
ardió en tus entrañas fuego; 
y hoy, esposa de la Cruz, 
ya eres luz, y sólo luz... 
¡Todas las mujeres bellas 
fueran, como tú, doncellas 
en un convento a encerrarse!... 
¡Y la niña que yo quiero, 
ay, preferirá casarse 
con un mocito barbero! 
El tren camina y camina, 
y la máquina resuella, 
y tose con tos ferina. 
¡Vamos en una centella!


Antonio Machado 

(1.875 - 1.939)






colores 

domingo, 13 de julio de 2014

A un olmo seco




A un olmo seco


  Al olmo viejo, hendido por el rayo 
y en su mitad podrido, 
con las lluvias de abril y el sol de mayo 
algunas hojas verdes le han salido.

  ¡El olmo centenario en la colina 
que lame el Duero! Un musgo amarillento 
le mancha la corteza blanquecina 
al tronco carcomido y polvoriento.

  No será, cual los álamos cantores 
que guardan el camino y la ribera, 
habitado de pardos ruiseñores.

  Ejército de hormigas en hilera 
va trepando por él, y en sus entrañas 
urden sus telas grises las arañas.

  Antes que te derribe, olmo del Duero, 
con su hacha el leñador, y el carpintero 
te convierta en melena de campana, 
lanza de carro o yugo de carreta; 
antes que rojo en el hogar, mañana, 
ardas en alguna mísera caseta, 
al borde de un camino; 
antes que te descuaje un torbellino 
y tronche el soplo de las sierras blancas; 
antes que el río hasta la mar te empuje 
por valles y barrancas,  
olmo, quiero anotar en mi cartera 
la gracia de tu rama verdecida. 
Mi corazón espera 
también, hacia la luz y hacia la vida, 
otro milagro de la primavera.


Antonio Machado 

(1.875 - 1.939)



viernes, 13 de junio de 2014

Hacia un ocaso radiante




Hacia un ocaso radiante


Hacia un ocaso radiante
caminaba el sol de estío, 
y era, entre nubes de fuego, una trompeta gigante, 
tras de los álamos verdes de las márgenes del río. 
Dentro de un olmo sonaba la sempiterna tijera
de la cigarra cantora, el monorritmo jovial, 
entre metal y madera, 
que es la canción estival. 
En una huerta sombría, 
giraban los cangilones de la noria soñolienta. 
Bajo las ramas oscuras el son del agua se oía. 
Era una tarde de julio, luminosa y polvorienta. 
Yo iba haciendo mi camino, 
absorto en el solitario crepúsculo campesino. 
Y pensaba: “¡Hermosa tarde, nota de la lira inmensa
toda desdén y armonía; 
hermosa tarde, tú curas la pobre melancolía
de este rincón vanidoso, oscuro rincón que piensa!” 
Pasaba el agua rizada bajo los ojos del puente. 
Lejos la ciudad dormía, 
como cubierta de un mago fanal de oro transparente. 
Bajo los arcos de piedra el agua clara corría. 
Los últimos arreboles coronaban las colinas
manchadas de olivos grises y de negruzcas encinas. 
Yo caminaba cansado, 
sintiendo la vieja angustia que hace el corazón pesado. 
El agua en sombra pasaba tan melancólicamente, 
bajo los arcos del puente, 
como si al pasar dijera: 
”Apenas desamarrada
la pobre barca, viajero, del árbol de la ribera, 
se canta: no somos nada. 
Donde acaba el pobre río la inmensa mar nos espera.” 
Bajo los ojos del puente pasaba el agua sombría. 
(Yo pensaba: ¡el alma mía!) 
Y me detuve un momento, 
en la tarde, a meditar... 
¿Qué es esta gota en el viento
que grita al mar: soy el mar? 
Vibraba el aire asordado
por los élitros cantores que hacen el campo sonoro, 
cual si estuviera sembrado
de campanitas de oro. 
En el azul fulguraba
un lucero diamantino. 
Cálido viento soplaba
alborotando el camino. 
Yo, en la tarde polvorienta, 
hacia la ciudad volvía. 
Sonaban los cangilones de la noria soñolienta. 
Bajo las ramas oscuras caer el agua se oía. 


Antonio Machado

(1875-1939)

jueves, 20 de marzo de 2014

Me dijo un alba de la primavera



Me dijo un alba de la primavera        


Me dijo un alba de la primavera: 
—Yo florecí en tu corazón sombrío
ha muchos años, caminante viejo
que no cortas las flores del camino. 
Tu corazón de sombra, ¿acaso guarda
el viejo aroma de mis viejos lirios? 
¿Perfuman aun mis rosas la alba frente
del hada de tu sueño adamantino? 
Respondí a la mañana: 
—Sólo tienen cristal los sueños míos. 
Yo no conozco el hada de mis sueños, 
ni sé si está mi corazón florido. 
Pero si aguardas la mañana pura
que ha de romper el vaso cristalino, 
quizás el hada te dará tus rosas; 
mí corazón, tus lirios. 


Antonio Machado

(1875-1939)






colores

sábado, 22 de febrero de 2014

Cantares



Antonio Machado fue un poeta español, que perteneció al movimiento literario conocido como la “generación del 98”, un grupo de poetas españoles que se vieron profundamente afectados por la crisis moral, política y social acarreada en España por la derrota militar en la Guerra Hispano-Estadounidense, en 1898.

Nació en Sevilla en el año 1875, para luego radicarse en Madrid, donde llevó a cabo sus estudios. Al morir padre y abuelo, se dedica al teatro. Junto a su hermano Manuel, se trasladará más tarde a París, donde trabaja como traductor y conoce a Rubén Darío, gran figura de las letras.

En 1903 publica “Soledades” que lo muestra como un poeta increíble. Vuelve a España, se casa con una muchacha de 16 años que moriría a los tres años y se traslada a Segovia, donde desarrolla una actividad ligada a la cultura popular. Consigue un trabajo en Madrid, pero le sorprende la guerra. Debido al estallido de la guerra civil española tuvo que mudarse de ciudad en ciudad en España hasta que tuvo que exiliarse, llegando al pueblo de Colliure, Francia, donde terminaría sus días el 22 de febrero de 1939. 


Cantares


Todo pasa y todo queda,
Pero lo nuestro es pasar,
Pasar haciendo caminos,
Caminos sobre el mar.

Nunca perseguí la gloria,
Ni dejar en la memoria
De los hombres mi canción;
Yo amo los mundos sutiles,
Ingrávidos y gentiles,
Como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
De sol y grana, volar
Bajo el cielo azul, temblar
Súbitamente y quebrarse...

Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas
El camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
Se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
Y al volver la vista atrás
Se ve la senda que nunca
Se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
Sino estelas en la mar...

Hace algún tiempo en ese lugar
Donde hoy los bosques se visten de espinos
Se oyó la voz de un poeta gritar
"Caminante no hay camino,
Se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso...

Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
"Caminante no hay camino,
Se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso...

Cuando el jilguero no puede cantar.
Cuando el poeta es un peregrino,
Cuando de nada nos sirve rezar.
"Caminante no hay camino,
Se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso.


Antonio Machado 



lunes, 1 de abril de 2013

En Abril, las aguas mil



En Abril, las aguas mil 

Son de abril las aguas mil. 
Sopla el viento achubascado, 
y entre nublado y nublado 
hay trozos de cielo añil. 
Agua y sol. El iris brilla. 
En una nube lejana, 
zigzaguea 
una centella amarilla. 
La lluvia da en la ventana 
y el cristal repiquetea. 
A través de la neblina 
que forma la lluvia fina, 
se divisa un prado verde, 
y un encinar se esfumina, 
y una sierra gris se pierde. 
Los hilos del aguacero 
sesgan las nacientes frondas, 
y agitan las turbias ondas 
en el remanso del Duero. 
Lloviendo está en los habares 
y en las pardas sementeras; 
hay sol en los encinares, 
charcos por las carreteras. 
Lluvia y sol. Ya se oscurece 
el campo, ya se ilumina; 
allí un cerro desparece, 
allá surge una colina. 
Ya son claros, ya sombríos 
los dispersos caseríos, 
los lejanos torreones. 
Hacia la sierra plomiza 
van rodando en pelotones 
nubes de guata y ceniza. 


Antonio Machado (1875-1939)

martes, 5 de marzo de 2013

La Lola



La Lola

La Lola se va a los Puertos.
La Isla se queda sola;.
Y esta Lola, ¿quién será,
que así se ausenta, dejando
la Isla de San Fernando
tan sola cuando se va...?

Sevillanas,
chuflas, tientos, marianas,
tarantas, tonás, livianas...
Peteneras,
soleares, soleariyas,
polos, cañas, seguiriyas,
martinetes, carceleras...
Serranas, cartageneras.
Malagueñas, granadinas.
Todo el cante de Levante,
todo el cante de las minas,
todo el cante...
que cantó tía Salvaora,
la Trini, la Coquinera,
la Pastora...,
y el Fillo, y el Lebrijano,
y Curro Pabla, su hermano,
Proita, Moya, Ramoncillo,
Tobalo -inventor del polo-,
Silverio, Chacón, Manolo
Torres, Juanelo, Maoliyo...

Ni una ni uno
-cantaora o cantaor-,
llenando toda la lista,
desde Diego el Picaor
a Tomás el Papelista
(ni los vivos ni los muertos),
cantó una copla mejor
que la Lola...
Esa que se va a los Puertos
y la Isla se queda sola.

Manuel Machado

(1874-1947)


  Película

- Guión: Josefina Molina, José M. Fernández, Romualdo Molina, Joaquín Oristrell

- Basado en: "La Lola sa va a los Puertos" autor adaptado Antonio Machado.

- Fotografía: Teo Escamilla

- Decorados: Wolfgang Burmann, Fernando Sáenz

- Montaje: Carmen Frías

- Intérpretes: Rocio Jurado, Francisco Rabal, José Sancho, Beatriz Santana, Jesús Cisneros, Mary Begoña.



SINOPSIS

Lola, Célebre cantaora de flamenco y Heradia, su guitarrista, actúan en la fiesta de petición de mano de Rosario, que va a casarse con José Luis, hijo de Don Diego, un rico hacendado. padre e hijo se enamoran de Lola y el choque entre ambos es inevitable. José Luis rompe con Rosario y con su padre y se marcha con Lola. Viven un apasionado idilio, pero nadie los contrata por culpa de Don Diego. Lola comprende que su relación con José Luis no tiene futuro y logra que coincidan en una fiesta Don Diego, José Luis y Rosario para arreglar las cosas.



COMENTARIO

Rocío Jurado regresa al cine después de muchos años con este melodrama "folclórico" que dirige Josefina Molina. La película está basada en la obra de teatro que escribieron los hermanos Manuel y Antonio Machado y que ya había sido llevada al cine en 1947 por el director Juan de Orduña y que fue protagonizada por Juanita Reina. En esta ocasión la directora ha actualizado la historia, que transcurre en la Andalucía de 1.929, adaptando la obra en la que el amor, los celos y la pasión se entremezclan. 



ESTRENO DE LA PELÍCULA

La película tuvo una gran acogida de crítica y público. Tras varios años de ausencia cinematográfica volvía Rocío Jurado, como actriz protagonista junto a actores de la talla de Francisco Rabal y José Sancho. 


José Sancho que murió el pasado domingo día 3 de Marzo, desde aquí mi pequeño homenaje, descanse en paz.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Mi bufón


Mi bufón

El demonio de mis sueños
ríe con sus labios rojos, 
sus negros y vivos ojos, 
sus dientes finos, pequeños. 
Y jovial y picaresco
se lanza a un baile grotesco, 
luciendo el cuerpo deforme
y su enorme
joroba. Es feo y barbudo, 
y chiquitín y panzudo. 
Yo no sé por qué razón, 
de mi tragedia, bufón, 
te ríes... Mas tú eres vivo
por tu danzar sin motivo. 

Antonio Machado (1875 - 1939)




jueves, 18 de octubre de 2012

El tren



    El tren

      Yo, para todo viaje 
—siempre sobre la madera 
de mi vagón de tercera—, 
voy ligero de equipaje. 
Si es de noche, porque no 
acostumbro a dormir yo, 
y de día, por mirar 
los arbolitos pasar, 
yo nunca duermo en el tren, 
y, sin embargo, voy bien. 
¡Este placer de alejarse! 
Londres, Madrid, Ponferrada, 
tan lindos... para marcharse. 
Lo molesto es la llegada. 
Luego, el tren, al caminar, 
siempre nos hace soñar; 
y casi, casi olvidamos 
el jamelgo que montamos. 
¡Oh, el pollino 
que sabe bien el camino! 
¿Dónde estamos? 
¿Dónde todos nos bajamos? 
¡Frente a mí va una monjita 
tan bonita! 
Tiene esa expresión serena 
que a la pena 
da una esperanza infinita. 
Y yo pienso: Tú eres buena; 
porque diste tus amores 
a Jesús; porque no quieres 
ser madre de pecadores. 
Mas tú eres 
maternal, 
bendita entre las mujeres, 
madrecita virginal. 
Algo en tu rostro es divino 
bajo tus cofias de lino. 
Tus mejillas 
—esas rosas amarillas— 
fueron rosadas, y, luego, 
ardió en tus entrañas fuego; 
y hoy, esposa de la Cruz, 
ya eres luz, y sólo luz... 
¡Todas las mujeres bellas 
fueran, como tú, doncellas 
en un convento a encerrarse!... 
¡Y la niña que yo quiero, 
ay, preferirá casarse 
con un mocito barbero! 
El tren camina y camina, 
y la máquina resuella, 
y tose con tos ferina. 
¡Vamos en una centella!

Antonio Machado (1875-1939)





jueves, 30 de agosto de 2012

Por tierras de España


     Por Tierras de España

      El hombre de estos campos que incendia los pinares 
y su despojo aguarda como botín de guerra, 
antaño hubo raído los negros encinares, 
talado los robustos robledos de la sierra. 
      Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares; 
la tempestad llevarse los limos de la tierra 
por los sagrados ríos hacia los anchos mares; 
y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra. 
      Es hijo de una estirpe de rudos caminantes, 
pastores que conducen sus hordas de merinos 
a Extremadura fértil, rebaños trashumantes 
que mancha el polvo y dora el sol de los caminos. 
      Pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto, 
hundidos, recelosos, movibles; y trazadas 
cual arco de ballesta, en el semblante enjuto 
de pómulos salientes, las cejas muy pobladas. 
      Abunda el hombre malo del campo y de la aldea, 
capaz de insanos vicios y crímenes bestiales, 
que bajo el pardo sayo esconde un alma fea, 
esclava de los siete pecados capitales. 
      Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza, 
guarda su presa y llora la que el vecino alcanza; 
ni para su infortunio ni goza su riqueza; 
le hieren y acongojan fortuna y malandanza. 
      El numen de estos campos es sanguinario y fiero: 
al declinar la tarde, sobre el remoto alcor, 
veréis agigantarse la forma de un arquero, 
la forma de un inmenso centauro flechador. 
      Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta 
—no fue por estos campos el bíblico jardín—: 
son tierras para el águila, un trozo de planeta 
por donde cruza errante la sombra de Caín.

Antonio Machado (1.875 - 1.939)

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