Noche de Ronda

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martes, 20 de enero de 2015

Era un jardín sonriente




Era un jardín sonriente  


Era un jardín sonriente; 
era una tranquila fuente 
de cristal; 
era, a su borde asomada, 
una rosa inmaculada 
de un rosal 
Era un viejo jardinero 
que cuidaba con esmero 
del vergel, 
y era la rosa un tesoro 
de más quilates que el oro 
para él. 
A la orilla de la fuente 
un caballero pasó, 
y la rosa dulcemente 
de su tallo separó. 
Y al notar el jardinero 
que faltaba en el rosal, 
cantaba así, plañidero, 
receloso de su mal: 
-Rosa la más delicada 
que por mi amor cultivaba 
nunca fue; 
rosa la más encendida 
la más fragante y pulida 
que cuidé; 
blanca estrella que del cielo, 
curiosa de ver el suelo, 
resbaló; 
a la que una mariposa 
de mancharla temerosa 
no llegó 
¿Quién te quiere? ¿Quién te llama 
por tu bien o por tu mal? 
¿Quién te llevó de la rama, 
que no estás en tu rosal? 
¿Tú no sabes que es grosero 
el mundo? ¿Qué es traicionero 
el amor? 
¿Qué no se aprecia en la vida 
la pura miel escondida 
en la flor? 
¿Bajo que cielo caíste? 
¿a quién tu tesoro diste 
virginal? 
¿En que manos te deshojas? 
¿Qué aliento quema tus hojas 
infernal? 
¿Quién te cuida con esmero 
como el viejo jardinero 
te cuidó? 
¿Quién por ti sola suspira? 
¿Quién te quiere? ¿Quién te mira 
como yo? 
¿Quién te miente que te ama 
con fe y con ternura igual? 
¿Quién te llevó de la rama, 
que no estás en tu rosal? 
¿Por qué te fuiste tan pura 
de otra vida a la ventura 
o al dolor? 
¿Qué faltaba a tu recreo? 
¿Qué a tu inocente deseo, 
soñador? 
En la fuente limpia y clara, 
espejo que te copiara 
¿no te di? 
Los pájaros escondidos, 
¿no cantaban en sus nidos 
para ti? 
Cuando era el aire de fuego, 
¿no refresqué con mi riego 
tu calor? 
¿No te dio mi trato amigo 
en las heladas abrigo 
protector? 
Quién para sí te reclama, 
¿te hará bien o te hará mal? 
¿Quién te llevó de la rama, 
que no estás en tu rosal? 
Así un día y otro día 
entre espinas y entre flores, 
el jardinero plañía, 
imaginando dolores, 
desde aquel en que a la fuente 
un caballero llegó 
y la rosa dulcemente 
de su tallo separó... 


(Amores y amoríos) 

Hermanos Álvarez Quintero 








colores 

jueves, 1 de mayo de 2014

La canción de flor de Mayo



La canción de flor de Mayo


Flor de Mayo, como un rayo 
de la tarde, se moría... 
Yo te quise, Flor de Mayo, 
tú lo sabes; ¡pero Dios no lo quería! 

Las olas vienen, las olas van, 
cantando vienen, cantando irán. 

Flor de Mayo ni se viste 
ni se alahaja ni atavía; 
¡Flor de Mayo está muy triste! 
¡Pobrecita, pobrecita vida mía! 

Cada estrella que palpita, 
desde el cielo le habla asi: 
«Ven conmigo Florecita, 
brillarás en la extensión igual a mí.» 

Flor de Mayo, con desmayo, 
le responde: «¡Pronto iré!» 

Se nos muere Flor de Mayo, 
¡Flor de Mayo, la Elegida, se nos fue! 

Las olas vienen, las olas van, 
cantando vienen, llorando irán... 

«¡No me dejes!», yo le grito; 
«¡No te vayas, dueño mío: 
el espacio es infinito 
y es muy negro y hace frío, mucho frío!» 

Sin curarse de mi empeño, 
Flor de Mayo se alejó, 
y en la noche, como un sueño, 
misteriosamente triste se perdió. 

Las olas vienen, las olas van, 
cantando vienen, ¡ay cómo irán! 

Al amparo de mi huerto 
una sola flor crecía: 
Flor de Mayo, y se me ha muerto... 
Yo la quise, ¡pero Dios no lo quería!


Amado Nervo

(1870-1919)






colores 

viernes, 25 de abril de 2014

Primaveral



Primaveral


Mes de rosas. Van mis rimas
En ronda, a la vasta selva,
A recoger miel y aromas
En las flores entreabiertas.
Amada, ven. El gran bosque
Es nuestro templo; allí ondea
Y flota un santo perfume
De amor. El pájaro vuela
De un árbol a otro y saluda
Tu frente rosada y bella
Como a un alba; y las encinas
Robustas, altas, soberbias,
Cuando tú pasas agitan
De los himnos de esa lengua
Sus hojas verdes y trémulas,
Y enarcan sus ramas como
Para que pase una reina.
¡Oh, amada mía! Es el dulce
Tiempo de la primavera.
Mira en tus ojos los míos;
Da al viento la cabellera,
Y que bañe el sol ese aro
De luz salvaje y espléndida.
Dame que aprieten mis manos
Las tuyas de rosa y seda,
Y ría, y muestren tus labios
Su púrpura húmeda y fresca.
Yo voy a decirte rimas,
Tú vas a escuchar risueña;
Si acaso algún ruiseñor
Viniese a posarse cerca
Y a contar alguna historia
De ninfas, rosas y estrellas,
Tú no oirás notas ni trinos,
Sino, enamorada y regia,
Escucharás mis canciones
Fija en mis labios que tiemblan.
¡Oh, amada mía! Es el dulce
Tiempo de la primavera.
Allá hay una clara fuente
Que brota de una caverna,
Donde se bañan desnudas
Las blancas ninfas que juegan.
Ríen al son de la espuma,
Hienden la linfa serena;
Entre polvo cristalino
Esponjan sus cabelleras;
Y saben himnos de amores
En hermosa lengua griega,
Que en glorioso tiempo antiguo
Pan inventó en las florestas.
Amada, pondré en mis rimas
La palabra más soberbia
De la frase de los versos
De los himnos de la lengua;
Y te diré esa palabra
Empapada en miel hiblea...
¡Oh, amada mía! Es el dulce
Tiempo de la primavera.
Van en sus grupos vibrantes
Revolando las abejas
Como un áureo torbellino
Que la blanca luz alegra;
Y sobre el agua sonora
Pasan radiantes, ligeras,
Con sus alas cristalinas
Las irisadas libélulas.
Oye: canta la cigarra
Porque ama al sol, que en la selva
Su polvo de oro tamiza,
Entre las hojas espesas.
Su aliento nos da en un soplo
Fecundo la madre tierra,
Con el alma de los cálices
Y el aroma de las yerbas.
¿Ves aquel nido? Hay un ave.
Son dos: el macho y la hembra.
Ella tiene el buche blanco,
Él tiene las plumas negras.
En la garganta el gorjeo,
Las alas blancas y trémulas;
Y los picos que se chocan
Como labios que se besan.
El nido es cántico. El ave
Incuba el trino, ¡oh poetas!,
De la lira universal
El ave pulsa una cuerda.
Bendito el calor sagrado
Que hizo reventar las yemas.
¡Oh, amada mía! Es el dulce
Tiempo de la primavera.
Mi dulce musa Delicia
Me trajo un ánfora griega
Cincelada en alabastro,
De vino de Naxos llena;
Y una hermosa copa de oro,
La base henchida de perlas,
Para que bebiese el vino
Que es propicio a los poetas.
En el ánfora está Diana,
Real, orgullosa, esbelta,
Con su desnudez divina
Y en actitud cinegética.
Y en la copa luminosa
Está Venus Citerea
Tendida cerca de Adonis
Que sus caricias desdeña.
No quiere el vino de Naxos
Ni el ánfora de asas bellas,
Ni la copa donde Cipria
Al gallardo Adonis ruega.
Quiero beber del amor
Sólo en tu boca bermeja.
¡Oh, amada mía! Es el dulce
Tiempo de la primavera.


Rubén Darío 


(1.867 - 1.916)



martes, 1 de abril de 2014

Abril



Abril


Con sus nieves y aguas mil 
al invierno el sol destierra; 
suspira alegre la tierra 
y ese suspiro es abril. 
¡Abril!, el primer albor 
de la mañana en el cielo; 
¡abril!, el primer anhelo; 
¡abril!, la primera flor. 
El primer ímpetu ardiente 
de la vida, antes en calma; 
el primer grito en el alma; 
el primer sueño en la frente. 
Abril es por maravilla 
flor de eterna juventud; 
abril es fuerza y salud; 
abril sabe a manzanilla. 
Abril es aura que cruza 
entre flores a escoger; 
abril es una mujer, 
y una mujer andaluza. 
Abril ama, sueña, engríe 
canta, bulle y alborota; 
abril es clavel que brota, 
abril es boca que ríe. 
¡Abril! ¿A quién no has dejado 
el recuerdo de un amor 
y las hojas de una flor 
en el libro más preciado? 


Hermanos Álvarez Quintero 





colores



jueves, 20 de marzo de 2014

Me dijo un alba de la primavera



Me dijo un alba de la primavera        


Me dijo un alba de la primavera: 
—Yo florecí en tu corazón sombrío
ha muchos años, caminante viejo
que no cortas las flores del camino. 
Tu corazón de sombra, ¿acaso guarda
el viejo aroma de mis viejos lirios? 
¿Perfuman aun mis rosas la alba frente
del hada de tu sueño adamantino? 
Respondí a la mañana: 
—Sólo tienen cristal los sueños míos. 
Yo no conozco el hada de mis sueños, 
ni sé si está mi corazón florido. 
Pero si aguardas la mañana pura
que ha de romper el vaso cristalino, 
quizás el hada te dará tus rosas; 
mí corazón, tus lirios. 


Antonio Machado

(1875-1939)






colores

domingo, 16 de marzo de 2014

Lloran las rosas



Lloran las rosas


Lloran las rosas el rocío ya se a convertido en lágrimas
te me has ido te he perdido lloran las rosas
y llora mi alma va gimiendo con las alas recortadas
te me has ido te eh perdido llora mi alma

Lágrimas que ahogan mi corazón
lágrimas palabras del alma
lágrimas mi mudo lenguaje de amor.

Lloran las rosas porque no puedo estar sin ti y
lloran celosas de que no quieras ya venir
y entre otras cosas
yo lloro por tiiii.....

Falta el perfume de tu piel por donde anduve
la silueta que veía cuando tu dormías.

Lágrimas que ahogan mi corazón
lágrimas palabras del alma
lágrimas mi mudo lenguaje de amor.

Lloran las rosas porque no puedo estar sin ti y
lloran celosas de que no quieras ya venir
y entre otras cosas
yo lloro por tiiii.....

Lloran las rosas porque no puedo estar sin ti y
lloran celosas de que no quieras ya venir
y entre otras cosas
yo lloro por tiiii.....


Cristian Castro







lunes, 16 de septiembre de 2013

Era un jardín sonriente



Era un jardín sonriente


Era un jardín sonriente; 
era una tranquila fuente 
de cristal; 
era, a su borde asomada, 
una rosa inmaculada 
de un rosal 
Era un viejo jardinero 
que cuidaba con esmero 
del vergel, 
y era la rosa un tesoro 
de más quilates que el oro 
para él. 
A la orilla de la fuente 
un caballero pasó, 
y la rosa dulcemente 
de su tallo separó. 
Y al notar el jardinero 
que faltaba en el rosal, 
cantaba así, plañidero, 
receloso de su mal: 
-Rosa la más delicada 
que por mi amor cultivaba 
nunca fue; 
rosa la más encendida 
la más fragante y pulida 
que cuidé; 
blanca estrella que del cielo, 
curiosa de ver el suelo, 
resbaló; 
a la que una mariposa 
de mancharla temerosa 
no llegó 
¿Quién te quiere? ¿Quién te llama 
por tu bien o por tu mal? 
¿Quién te llevó de la rama, 
que no estás en tu rosal? 
¿Tú no sabes que es grosero 
el mundo? ¿Qué es traicionero 
el amor? 
¿Qué no se aprecia en la vida 
la pura miel escondida 
en la flor? 
¿Bajo que cielo caíste? 
¿a quién tu tesoro diste 
virginal? 
¿En que manos te deshojas? 
¿Qué aliento quema tus hojas 
infernal? 
¿Quién te cuida con esmero 
como el viejo jardinero 
te cuidó? 
¿Quién por ti sola suspira? 
¿Quién te quiere? ¿Quién te mira 
como yo? 
¿Quién te miente que te ama 
con fe y con ternura igual? 
¿Quién te llevó de la rama, 
que no estás en tu rosal? 
¿Por qué te fuiste tan pura 
de otra vida a la ventura 
o al dolor? 
¿Qué faltaba a tu recreo? 
¿Qué a tu inocente deseo, 
soñador? 
En la fuente limpia y clara, 
espejo que te copiara 
¿no te di? 
Los pájaros escondidos, 
¿no cantaban en sus nidos 
para ti? 
Cuando era el aire de fuego, 
¿no refresqué con mi riego 
tu calor? 
¿No te dio mi trato amigo 
en las heladas abrigo 
protector? 
Quién para sí te reclama, 
¿te hará bien o te hará mal? 
¿Quién te llevó de la rama, 
que no estás en tu rosal? 
Así un día y otro día 
entre espinas y entre flores, 
el jardinero plañía, 
imaginando dolores, 
desde aquel en que a la fuente 
un caballero llegó 
y la rosa dulcemente 
de su tallo separó... 


Serafín y Joaquín Álvarez Quintero




miércoles, 14 de agosto de 2013

Un jardín que nos consuele



Un jardín que nos consuele 

Lentamente 

Cuando el corazón nos duele 
por causa de una mujer, 
qué dulce es poder tener 
un jardín que nos consuele! 

A veces, una violeta, 
en la más larga avenida, 
es buena para la herida 
de un corazón de poeta. 

Es la fragancia, que envuelve 
la pena del corazón, 
que hace cantar la canción 
de lo que ya nunca vuelve... 

Brisa triste, brisa en calma 
de mi jardín florecido, 
¿dónde encuentras ese olvido 
que pones sobre mi alma? 

Di, brisa ¿en qué blanco cielo, 
en qué fuentes, en qué lumbres 
recoges tus mansedumbres 
y tus voces de consuelo? 

...Pues que tan triste frescor 
tienes, violeta, y tú, brisa, 
¿a qué quiero la sonrisa 
de sus dos labios en flor? 

¡Qué dulce es poder tener 
un jardín que nos consuele, 
cuando el corazón nos duele 
por causa de una mujer¡ 


Juan Ramón Jiménez

(1881-1958)








viernes, 26 de julio de 2013

Santa Ana y San Joaquín





Santa Ana y San Joaquín 
abuelos de Jesús
padres de la Virgen María


Hoy también es el día de los abuelos, Muchas Felicidades a todos, desde aquí quiero mandar un fuerte beso a mi abuela Ana.


Ana


Ana, es tan corta la vida, 
y son tantas despedidas 
llenas de promesas vanas.

Ana, ¿qué será de nosotros 
cuando caigamos y otros 
ocupen nuestro lugar?

Ana, ¿dónde será la batalla 
próxima en que perdamos 
la guerra contra la soledad?

Ana, volverás a escuchar 
las piedras que contra tu ventana 
lanzó la felicidad.

Lanzó la felicidad.

Ana, es tan corta la vida, 
quizás me vuelva mentira 
y no te conozca mañana.

Ana, cuando te esconda un abrazo 
recuerda entonces el año 
en que forjamos la paz.

Ana, quizás me marche y no vuelva, 
quizás me muera y no tengas 
que maldecirme jamás.

Ana, te veo y me declaro culpable 
de desear tu presencia 
más que desear la paz.

Ana, ¿qué hago yo con mis canciones, 
con el manojo de escarcha, 
con mis ganas de matar?

Ana, ¿qué hago yo con las montañas 
de papeles que he firmado 
jurando morir o amar?

Jurando morir o amar.

Ana.


Ismael Serrano








jueves, 27 de junio de 2013

Unos cuerpos son como flores



Unos cuerpos son como flores


Unos cuerpos son como flores,
otros como puñales,
otros como cintas de agua;
pero todos, temprano o tarde,
serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden,
convirtiendo por virtud del fuego a una piedra en un hombre.

Pero el hombre se agita en todas direcciones,
sueña con libertades, compite con el viento,
hasta que un día la quemadura se borra,
volviendo a ser piedra en el camino de nadie.

Yo, que no soy piedra, sino camino
que cruzan al pasar los pies desnudos,
muero de amor por todos ellos;
les doy mi cuerpo para que lo pisen,
aunque les lleve a una ambición o a una nube,
sin que ninguno comprenda
que ambiciones o nubes
no valen un amor que se entrega.


Luis Cernuda



jueves, 16 de mayo de 2013

A Córdoba



A Córdoba

¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
de honor, de majestad, de gallardía!
¡Oh gran rio, gran rey de Andalucia,
de arenas nobles, ya que no doradas!


¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,
que privilegia el cielo y dora el día!
¡Oh siempre gloriosa patria mía,
tanto por plumas cuanto por espadas!


Si entre aquella ruinas y despojos
que enriquece Genil y Darro baña
tu memoria no fue alimento mío,


¡nunca merezcan mis ausentes ojos
ver tus muros, tus torres y tu río,
tu llano y sierra, oh patria, oh flor de España!

Luis De Góngora

(1561-1627)



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